lunes, 26 de noviembre de 2012

Fuiste, y lo importante ha sido eso


Quería una vida contigo. Quería desayunos,
comidas, meriendas y cenas en la cama, poner el mantel para que en segundos tirases de el, guardar sonrisas en una estantería junto a tus trofeos de futbol. Quería cenas de amigos sin la envidia sana que me provoca tanto amor ajeno. Quería que ensuciaras toda la vajilla con tus labios, tus huellas dactilares decorando cada rincón de esta casa, que la lavadora centrifugara al son de nuestros orgasmos, ahorrar agua y que mi espalda aprendiera la temperatura de los azulejos del baño. Quería un despertador de caricias, una televisión que no sintonizara desgracias, una cama sin necesidad de mantas y en la que todo fueran risas Quería un equipo de música que repitiera tu voz y  una puerta que nunca se cerrara para ti. Quería que todos los días llevasen tu nombre y que todos los meses fuesen Noviembre, me gusta Noviembre, ¿Sabes por qué? Porque llega el frío y eso me recuerda a lo que hubo entre tú y yo. Quería que dobláramos juntos las sabanas que tuvimos que lavar por mancharlas de amor. Quería que hablases pero yo solo pude descifrar un adiós

lunes, 19 de noviembre de 2012

Menos mal que imaginar no nos cuesta nada




Se imaginó a los dos desnudos en medio de un bosque en pleno otoño; con la vergüenza que siempre le habían dado a ella las transparencias. Se imaginó dos alianzas con dueño sobre un cojín blanco; con el miedo que siempre le había dado ese momento. Se imaginó alumbrando sangre de su sangre; cuando nunca había sentido la necesidad de algo así en su vida. Se lo imaginó amándola; con la indiferencia que él le dedica.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Amantes fingidos


Un frío beso en la mejilla como despedida perfecta, para recordarle que él no guarda en la memoria momentos a su lado y que los amantes de caprichos no merecen ser amados

jueves, 1 de noviembre de 2012

Adiós y sin rencores, querido





No me dejaste decidir, apareciste tal cual eres y yo te quise tal cual no eres. Presentaste el físico que enamora y mi esperanza salió por la puerta de atrás, sin finiquitos sin contrato fijo, con dolor a plazos, sin abrazos con remuneración, con desilusión indefinida.

Solo quería ser la dueña del escaparate y descoser los segundos bordados en mi pecho odiando tus tres raciones de arena pero aun mas los  escasos postres que calan mis huesos…
Pude permitirme pensar que me iría con los trapos viejos, que dejaría a lo que mas quiero, que no volvería si no es contigo pero- Tu ego y tu, tu y tu ego y las alimañas que le ofrecen carroña- me obligan olvidar que fui testigo de la vergüenza de mis besos.

Mi asfixia no entiende de límites ni tu miedo del amor

Si me ves alejarme, si te arrepientes algún día, grítame, llámame, búscame.  Aunque en ese momento yo solo sea ceniza en este mundo sin sentimiento.
Pero no me hagas recordar que  me soñé follándote con la tele basura de fondo, las ventanas vendadas y mis ideales arrastrándose hacia la puerta.

Contigo no he sabido de camas deshidratadas, de fuego en los bolsillos ni de kilos de mas, contigo solo he conocido amistad sin amigos, contigo he aprendido que solo eres tu cuando no hay humo a ambos lados.
Me has hecho sonreír a unos ojos que se reían, besar a una boca que escupía, coger la mano que nada ofrecía, abrazar un cuerpo que me repelía, amar a alguien que ni existía.
Me hiciste sentir oveja negra, la ultima, la que no sabe la que no entiende la que no cuenta, la que sufre… Pusiste la baraja sobre la mesa, aposte mi vida sin saber de trucos de magia, y ahora no se como poner el punto sobre la i, no se  que letra va detrás  ni sonreír si no estás.

Tú tienes miedo a que llegue el invierno, te conformas con sabanas mojadas cuando esta amaneciendo. Yo prefiero alguien que me espere con la luz apagada sobre nuestra almohada.

A veces creo sentir el peligro de quererte tal cual eres, masticando tus defectos y acariciando tus virtudes. Quiero que sepas que no me duele que tu destino no se encuentre en el final de mi vida, que solo importa que tu destino levante mi más triste y sincera sonrisa, con la impotencia de no estar ahí pero la enorme satisfacción de saber que eres feliz. Que lancen puñales sobre mi, que me claven de pies y manos pero a ti que te dejen tropezar.
Si esto no es amar que baje dios y lo vea. Pero ni Dios ni Alá ni Buda ni figuritas que escayolan mi fe dan respuesta a mis preguntas utópicas ni contestan a mis deseos de buenas noches
Que si esto no es amar que vengan ellas y me lo digan. Ellas, que aman la obsesión entre sollozos victimistas, que demuestren que su dolor vale mucho más.

No era ni el momento ni el lugar, ni yo la  persona que pueda hacer brotar de tus ojos la luz con la que te admiran los míos. Por un motivo u otro no podremos ser nosotros.
No quise despedidas de esas que dejan basura en los ojos por eso me fui en silencio asintiendo con el alma que era consciente de lo pesado del tiempo
Quería morir por ti y no me has dejado. No te culpo porque hay algo que me ha acompañado. Mi preciosa maldición: tu preciosa sonrisa, esa que me cuesta tanto desalojar de mi habitación, esa que provoca que nadie pueda pronunciar la palabra que ahora duerme en mi colchón.

Adiós, sin rencores.


"Cuida el final como cuidas el principio y no cosecharás el fracaso"
LAOZI

sábado, 25 de agosto de 2012

Tu nunca, yo siempre



Esta historia no comienza con un: “érase una vez”
Porque nunca hubo una vez


Paseábamos en aquel lugar
Donde el azul del cielo
Se confunde con el del mar

Tu nunca atento,
 Yo siempre dispuesta

Me ahogaba en remolimos de histeria,
Y tú, pequeño, me besabas

Habría preferido que sonara otra canción,
Aquella de Los Beatles,
 ¿Cómo era? “Yesterday”
 Love was such an easy game to play,
 now I need a place to hide away.
 Sin embargo sonaba esa puta música comercial
 Que ahora me recuerda a ti
 Y que cada vez creo odiar más

Pero eso no importa
Tu conseguiste hacerlo magico

Aquellas horas las bostecé
Como si hubiesen pasado siglos
Y a tu llegada comprendí
Que tus manos no iban llenas
De los recuerdos de aquel sitio

Creíste tener el poder de juzgar
Y créeme cuando te digo que las paredes oyen
Que me escucharon gritar
Aquella noche


Te ganó el miedo de bañarte con dignidad,
Preferiste ser la sorpresa de nadie
Y el regalo de todas

Te equivocaste de cama,
Y ahora las sabanas
Me escupen a mí

A veces sueño que nunca estuve allí

Prometí no volver a escribir sobre ti
Pero odio presenciar
El crimen de mis palabras


No hay de que preocuparse
Todos sabemos que jugar
Puede llevar
A enamorarse


Ahora
Me olvidaré de libros de autoayuda
 Y de consejos baratos
 Sabiendo que mi cura
 Se encuentra entre tus brazos

Y diré que
No voy a bailar
Con quien ni siquiera sabe
Como suena una melodía de verdad

Creo que el final
Está claro
Las perdices no serán
El desenlace de tu teatro.

jueves, 16 de agosto de 2012

Juro que no te quiero



Juro que no te quiero, aunque me hicieras olvidar a quienes debieron de tomar la cicuta mucho antes que Sócrates. Juro que no te quiero por caminar con doncellas que pasean su glamour con aires de grandeza y me nombraron la princesa destronada del cuento, porque doblaste el número de espinas que luce mi corona, porque me has hecho temer la perdida de lo que nunca tuve, porque haces que a solas mis ojos se tomen mal todas las noticias
Juro que no se si te quiero porque tu culo marcaba mis pasos y ahora que todo es niebla me vence el miedo de no saber cual es la mano que te mece, cual es la mano que cada día desabrocha tu pantalón y lame tu melancolía hasta quedar saciada.
Pasé noches buscando la saliva que pudiera borrar tatuajes de esos que están hechos sin tintas chinas, de esos bordados a mano de recuerdos. Tu pasaste horas haciéndome probar la ginebra de tus labios, llenándome de caramelos los bolsillos hartos de sostener tantas maldiciones. Enloquecí con cada recorrido de tu diseño por mi espalda y rocé la esquizofrenia mientras el pesimismo lograba alcanzar mis pies. Ahora escupo tu nombre en cada rincón y planeo la manera de explicarte que no doy clases de cómo eyacular con amor

Yo lo sabía, yo sabia que caería al vacío y aun así me lancé sin cuerdas, sin paracaídas, sin brújula…. Y en una noche de luna nueva tenias que ser precisamente tu la única luciérnaga existente después del naufragio. Tú, que con una simple letra del corto abecedario eres capaz de acelerarlo todo y hacer que me avergüence de mis estúpidas alegrías, despiertas lo que creía que vivía en inviernos desde mi primer suspiro. Tú te abrazaste a mis caderas y  yo me declare fanática de los jadeos a media noche.

No quiero que la ninfómana esperanza me folle de nuevo, ni que me obligue a arrodillarme y jurar que no te quiero… porque nunca podré jurar que no te quiero.
Ahora, con mis rodillas en el suelo y la cabeza bien alta, reconozco que he soñado llevarte a mi cama sin cloroformo, sin mentiras, sin esposas, sin ropa…Por tu propio pie. Y besarte, besarte sin parar. Creo que así podría morir. Hasta que se me seque la boca, con tu aliento acariciando mi piel, sin que me dejes decir palabra. Palabras que, a veces, hacen vulgar lo que suele ser extraordinario.

Y como quizá nunca cumpliré mi último deseo, algún día te enseñare el mapa de todas las estrellas fugaces que malgasté pidiendo un beso más.


(*Cursiva : inspirado en una frase del filósofo Nietzsche. “ La palabra despersonaliza haciendo vulgar lo que suele ser extraordinario)


martes, 24 de julio de 2012

Solo recordamos lo que nunca sucedió

Creo recordar que la primera vez que le vi fue en el autobús, destino a la universidad a la que por casualidad me dirigía yo. Fue un verano, no recuerdo bien cuantos años han pasado. Solo se que cuando le vi me sentí extraña, de pronto aquel viejo autobús circulaba mas lento a diferencia de la piedra latente de mi pecho. Él me miro como si de lejos se acercara un tsunami que segundos mas tarde arrasaría la ciudad. Todo se quedó allí,  y empezó mi primer día de clases en el extranjero y no se bien porqué pero no atendí una mierda a todo lo que decían esas profesoras inglesas que parecían recién salidas de un baño en polvo de arroz.
Conocí a mucha gente pero no quería ir con ellos, eran cínicos. Sus vidas se basaban en dormir, beber alcohol hasta la saciedad, polvos de una noche, y amnesia a la mañana. Esa gente era aburrida, sus vidas eran tristes… no tenían ni amor por ellos. Yo mientras tanto pasaba los días escondiendo en mi mochila algunas de las cosas que preparaban las señoras del comedor para saciarme a la noche, después paseaba por el lago mientras me fumaba un cigarrillo y daba trozos de pan a los patos. A veces mi aburrimiento era tan inmenso que pensé zambullirme con los cisnes que me miraban como si fuera de otra galaxia, pero no conocía nada de su profundidad, así que volvía a mi  apartamento con los brazos cruzados mientras observaba el vaho que salía de mi boca. Noches a cero grados en las que dormía sola y era necesario encender la calefacción sino quería dormir en un hospital acompañada de la tarjeta de crédito como resultado de una jodida hipotermia. Mi debilidad llegó a tal punto que esos días hasta las moscas me parecían seres entrañables.

Quizá fue a mediodía, si, fue entonces. Entregué el ticket de la comida, cogí un par de cosas, pasé por caja y me senté en una mesa vacía que había junto a la ventana, desde allí podía ver la facultad de medicina escondida entre los árboles en los que revoloteaban los malditos pájaros que me despertaban cada mañana. Empecé a comer y de repente eché de menos algo de bebida, debí olvidarla, así que me levante dispuesta a coger algo dejando sobre la mesa aquel libro del que no me había separado en los 6 días que llevaba de estancia en ese lugar, “lo verdadero es un momento de lo falso” había perdido la cuenta de las veces que había pasado sus hojas pero ese libro escondía algo especial. Cuando regresé de coger la bebida estrella del comedor encontré al chico del autobús escribiendo sobre la primera página de mi libro algo que era indescifrable de lejos, de modo que me acerqué
-          ¿Alguna vez has leído este libro?- dije. Como siempre yo y mis preguntas brillantes.
-          Sin duda es mi favorito, la primera vez que te vi no creí que tuviésemos algo en común- me respondió
-          Por tu forma de hablar intuyo que eres español, del norte, ¿verdad?
-          De Cantabria, concretamente. Por tu acento intuyo que eres del Sur, ¿verdad?
-          De Jaén, concretamente
-          Y se puede saber que hace una chica como tu en un lugar tan frío como este?- pregunto  con cierto interés
-          He venido hasta aquí para tomar unas cuantas clases y también  buscando algo de cambio. Ya sabes, “solitario corazón vaga sin rumbo por aquí buscando un poco de emoción”- dije yo, volviendo a ser brillante
-          No imaginaba que tuviésemos mas cosas en común, los libros, la música…Si quieres un poco de emoción te espero a las 7 en ese bar de Dublín que tanto te gusta- dijo, y acto seguido volvió a dejar el libro justo donde yo lo puse y se marchó susurrando el resto de la canción.

Abrí el libro y con una letra casi digna de un medico que lleva ejerciendo toda su vida pude leer: “Esta noche, quédate”
Terminé mi plato mientras pensaba en lo raro que era todo aquello y me dirigí hacia mi apartamento para descansar y buscar algo decente que ponerme a la noche

Eran alrededor de las 6 y media y andaba como loca por la calle buscando algún taxi que me llevara al Temple Bar, supuse que él se refería a aquel sitio, sin duda era mi favorito. Al fin llegó uno de esos taxis roñosos de color amarillo y logré decirle a conductor hacia donde me tenía que llevar. Era notable que aquel coche ya tenia unos cuantos años ya que su tapicería agujereada dejaba mucho que desear, el tipo empezó a hablarme de que siempre había querido viajar a España, que era fanático del futbol,  blablabla… El caso es que no presté demasiada atención a lo que el me decía, mi cabeza no andaba precisamente por España.

Media hora mas tarde y tras dejarle algo de propina al extraño taxista llegué a mi destino. Había bastante gente, gente joven como nosotros que bebían cerveza, charlaban, reían y parecían  estar a gusto. Di una vuelta por el bar y lo encontré en la barra con esa aura inquietante que le rodea y ese aire bohemio que me volvía loca Llevaba una vaqueros negros, unas converse rojas algo desgastadas, una camiseta de Nirvana y una especie de pañuelo en su cuello cuyo olor era cloroformo para mi nariz. Su pelo parecía no haber conocido nunca un peine, pero le sentaba muy bien.
Después de quedarme un buen rato embobada decidí acercarme, mientras él se empinaba la botella de Franziskaner que sostenía en su mano derecha
-Hola forastero- dije con un tono un poco gracioso
-Vaya, creía que ya no vendrías. Pensé que no te fiarías de un tipo que te mira raro y escribe sobre tu libro mientras tú no estás.
- No me inspiras desconfianza, me apetecía venir hasta aquí.
-Por cierto, me llamo Iván
- Yo me llamo Alicia
- ¿En el país de las maravillas?- dijo mientras reía, no se si fruto del oro que estaba bebiendo
- Anda, si tenemos aquí a un graciosillo. La verdad es que este país esta empezando a ser maravilloso ahora que te conozco.
- ¿Lo dices en serio? – preguntó suplicando para sus adentros una respuesta afirmativa
- Si, muy en serio – respondí con esa sinceridad que hacía tiempo que no notaba en mi voz.

Me contó que vivía en el apartamento de al lado del mío, que cada noche me veía salir al lago y que llevaba varios días planeando como acercarse a mi y que no pareciera un acosador desesperado y no se le ocurrió mejor manera que escribir sobre mi libro.

Me invitó a beber sobre la barra mientras conversábamos y observábamos las fotografías de estrellas del rock que pendían de las paredes. Incontables cervezas después salimos a la calle riendo sin motivo alguno y paseamos por la ciudad hasta el amanecer.

A partir de ese día sí que empecé a ser Alicia en el país de las maravillas. Iván era increíble. Tenía defectos pero se complementaban con los míos y se convertían en algo dulce. Me despertaba cada día tirando la puerta abajo, sacaba varios conjuntos de mi armario y paseaba por el pasillo hasta que yo salía de la ducha, desayunábamos juntos, comíamos junto y cada tarde y cada noche salíamos a pasear  por la ciudad, subíamos y bajábamos escaleras mecánicas en centros comerciales, nos atiborrábamos a comida basura, perseguíamos a los camiones de Monster por si nos regalaban algunas latas, recorríamos todos los bares de la ciudad, cruzábamos una y otro vez el Halfpenny Bridge cantando la canción de Molly Malone, inmortalizábamos momentos con el automático de mi cámara réflex, cocinaba platos creativos con esa magia que le faltaba a la comida que preparaban aquellas señoras y siempre reíamos, reíamos sin parar. Con él era imposible dejar de hacerlo.

El último día de la estancia de Iván decidimos viajar hasta Downhill Beach, él se merecía una buena despedida. A mí aun me quedaban cuatro días de estancia y sinceramente no sabía como iba a aguantarlo, sin él aquel viaje ya no tenia demasiado sentido.
Aquel domingo lo noté extraño, con ganas de hacerme preguntas pero no se atrevió. Pasamos un buen día pero ambos regresamos vacíos. Me acompañó hasta mi apartamento, yo le dije que me esperara en el salón y me apresuré a meterme en la ducha y deshacerme de una vez de toda la arena que cubría mi cuerpo. Él no atendió a lo que le dije. No me esperó en el salón, y tampoco se puso a pasear por el pasillo como acostumbraba a hacer. Se atrevió a cerrar la puerta del baño por dentro y a apartar la cortina del plato de ducha. Mis ojos se clavaron en los suyos y no nos hizo falta ninguna palabra. Acarició mi pelo y comenzó a besarme con esas ganas que le caracterizaban, sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo a la vez que yo me perdía en su cuello, me agarró de las nalgas y de pronto sentí el frío de los azulejos en mi espalda. No se si nuestra temperatura corporal aumento o el agua comenzaba a salir un poco fría pero no fue ningún obstáculo para dejar de fundirnos. Esa noche se quedó y me abrazó entre las sabanas. Desperté a las 10 de la mañana reconociendo su olor en la almohada pero él ya no estaba allí, solo dejó sobre el escritorio una postal de una famosa playa de Santander, la pipa de la que habíamos fumado durante casi un mes cargada hasta arriba de tabaco y una nota que decía “Espero que sigamos siendo socios en lo de soñar despiertos” acompañada de un número de teléfono con prefijo español.
Halfpenny Bridge ( Dublín)
Empecé a golpear la puerta de su apartamento pero era cierto, él ya debería andar rumbo a tierras cántabras. No sé si fue un punto de locura, desesperación, amor o simplemente la necesidad de abrazarlo pero en menos de tres horas estaba rumbo al aeropuerto con la nota en mi bolsillo, la maleta en una mano y el humo de la pipa enrojeciendo poco a poco mis ojos. Cinco horas después me encontraba en la misma playa que aparecía en aquella postal, con el móvil en la mano marcando aquel número de teléfono… Me falta vida para contar todo lo que pasó después de que Iván respondiera a mi llamada, solo os puedo decir que era despistado y atento a la vez y que me hizo feliz, que en este momento acaricia mi pelo y sonríe mientras escribo y me hace feliz.


miércoles, 11 de julio de 2012

Sin medidas profilácticas



Harta de hacer preguntas en plural cuando en realidad la persona se reduce a la segunda del singular, harta de tocar madera por no acariciar tu pelo, de dar patadas bajo una mesa por si me rozo con tus pies, de colocar mis manos en posición indirecta por si deseas apretarlas

No quiero drogarme con ilusiones, no quiero perder mis cosas, perder tus cosas, perderte a ti…

Aun no tengo prisa pero la impaciencia, de vez en cuando, me mata.
Busco todos los preliminares del mundo, ser el motivo de tu seriedad, castrar los recuerdos de chicas que bajo su escasa reputación creen comprar pasión a cambio de sexo, la seguridad de que no te dejaras llevar por la picardía de tangas rojos en esquinas de ciudades oscuras, de lavabos de carretera… de que tu descortesía no se halle con deleites carnales dentro de camas vulgares.
Busco abrazos sin disfraces que nos hagan mejores, una casa repleta de lugares fetiches, desde pastillas de jabón escurriéndose por la bañera hasta alimentos afrodisíacos hirviendo en la encimera.
Busco la desfloración con descaro de sentimientos, de dudas que me miran a la cara sin que yo me atreva a alzar la mirada.
Busco el óxido para los muelles de mi cama, el desenfreno de unas manos que no lleguen a saber de la existencia del cordón umbilical, la incontinencia de los besos, el erotismo de las sabanas acariciando el suelo.

A cambio ofrezco amor sin medidas profilácticas, con el encanto de ser un juguete lascivo en su sueño por convertirse en tu doctrina hedonista. Una vida orgiástica solos tu y yo, con todo lo necesario para no dejar que nada ni nadie pervierta nuestro éxtasis

Cazador de sueños

Empezaste con besos que me encendían como solo tú sabias hacerlo, el momento exacto en el que colocar tu mano en mi nuca y que empezara a sentir víboras en mi boca, para que más tarde yo abarcara tu cuello entre mis brazos, el punto exacto en el que morder mis lóbulos y comenzar a besar mi espalda. La precisión exacta con la que desabrochar hebillas, botones, broches, bajar cremalleras -recordando la textura de la tela- y dejar que la ley de gravedad se encargara de deslizarlo todo hacia abajo… en tu ilusión por llegar a ser algo mas que un arné lésbico.
Paseábamos por el parque adentrándonos poco a poco en el ojo del huracán de ancianas recordando su juventud con sus faldas de luto y sus piernas hinchadas como tus venas cuando yo recorría milímetro a milímetro cada palmo de tu escultura.
                                                 
En poco tiempo la magia pareció esconderse bajo la nariz de Krusty
Nos hablan de príncipes azules y de andar a 3 metros sobre el cielo cuando en realidad andamos bajo tierra como topos que salen a buscar alimento a la superficie, cuando todos sabemos que abajo se vive mejor. Abajo, bien abajo, mas aún, un poquito mas… ahí, justo donde estas tu esparcido en diminutos trozos rotos de sarcófago, rotos como me dejaste a mi
Seguiste creando problemas químicos que no me sentaban bien- ilusa de mi que pensé que al menos los físicos los podrías resolver- empleando esa mirada perspicaz que nunca había sido de tu dominio,  perfilando el sarcasmo de tu sonrisa…
Terminaste desdeñando las erecciones que aparecían con mis besos en paseos de domingo que acababan en una bulimia sexual al mismo tiempo que yo calculaba la presión exacta que debería ejercer para destrozar el barniz de tu coche con algún objeto cortante

Ahora odio recordar como después de algunas penetraciones me quedaba embobada mirando las estrellas a través de la ventanilla mientras acariciaba tu pelo con una mano y  con un cigarrillo en la otra a la vez que tu hablabas de no sé que día de no sé que mes de no sé que año en el que creías amarme.
Ahí reparé en que no quería ser una parada mas sino un destino en el intuía que no aparecías como tripulante.

Pero únicamente este es un recuerdo más de los cientos que quedaran pendidos de algún mechón del cepillo que guardas en la guantera, de algunos de los  hilos de color naranja tejidos alrededor del atrapasueños del retrovisor o bajo el sombrero del duende verde que cuelga a su lado. Recuerdos que, como bien dije, terminaran por roer los ratones sino es que ya lo has hecho tu con tus propios colmillos, los mismo con los que bordaste el desenlace de este libro


20 primaveras

"Cumpleaños felíz" 

Y te acostarás con la soledad que se siente al no haber recibido una felicitación a las doce. Despertarás con miedo de mirar el móvil y no encontrar nada. Tomarás el café diario de las 4 al mismo tiempo que espero ver algún desastre en televisión con tu imagen de fondo. Pasarás el día sin abrir regalos, tan solo abrirás algunos condones nostálgicos a la vez que yo deshojo margaritas sin llegar al ultimo pétalo empujado por la evidencia de la falta de amor. A la noche barrerás la barra del bar pidiendo dos copas, insinuando que esperas a alguien, para  no sentirte solo. Al final de la noche acabarás bebiendo por dos, tú que nunca has entendido el significado de tal numero. Lo mas divertido será como pasas la yema de tu dedo índice por el borde de la copa mientras imaginas cosas, tal vez recordando aquel 3 de julio en el que solo hacia falta descolgar un teléfono, pedirme que te enseñara el significado de los números pares y que así la tradición de pedir un deseo antes de soplar las velas tuviera sentido. Pedir un año mas, ya no sé si será conmigo. Lastima que tu solito, tras varias eyaculaciones olvidases que dos es igual a uno y que no caben tres.
Yo por mi parte ya había pensado diferentes maneras de atentar contra la vida de aquel domingo y en este instante se me ocurren otras tantas para atentar contra la vida de este martes que te recuerda que sigo aquí donde dejaste los puñales despuntados. Quizás no me encuentre recordando la misma fecha pero no rechazo la felicidad del 17 de octubre, ni el amor del 14 de febrero, ni las sorpresas del 17 de mayo, ni la venganza en agosto…
Caminarás por calles desiertas deslizando tus dedos entre barrotes de las ventanas de ciertos hogares donde descansan familias que en unos días saldrán de vacaciones, puertas que no te llevarán a ninguna custodia compartida con mis labios. Al mismo tiempo yo repasaré la textura de los asientos de algún coche conducido por aguas que se dejan arrastrar por corrientes de dudosa reputación.
Volverás a casa sintiéndote extraño al no encontrar ningún sujetador colgando del espejo retrovisor, ninguna mano resbalándose por el cristal, ninguna espalda apoyándose en el volante haciendo sonar, por accidente, el coche. Mientras tanto yo me quemaré los labios con cigarrillos de liar sin saber si me jode mas cumplir años sin ti o que cumplas años sin mí.
Y te acostarás con la soledad que se siente al no haber recibido una felicitación a las once y cincuenta y nueve.


Tus pecados capitales

No pretendo adentrar a nadie en la moral cristiana  pero…

Pecaste de lujuria, por querer poseerme a mí y andar entre otras piernas, recorriendo otra espalda, embistiendo otro somier y desnudando otro colchón
Pecaste de gula visitando hoteles, no recuerdo bien de cuantas estrellas, seguro que pensiones de mala muerte, pero visitaste muchos. Hambre de otra saliva que acababa dejándote indiferente a diferencia de la mía. Lugares en los que no pudiste comprar amor, igual que no lograste alquilar mi alegría.
Pecaste de avaricia que derivó en una deslealtad desconsiderada y su consiguiente colección de floreros escondidos. Ataste mis manos y acabaste con el estomago vacío, como tu.
Pecaste de pereza olvidando la razón por la que siempre te había encantado calentar mi pasión. Podrás inflarte a follar pero tardaras en volver a saber lo que es hacer el amor.
Pecaste de ira, y lo sigues haciendo. Has amado la venganza más que a mi en mucho tiempo.
Creyendo que yo había pecado de lujuria alguna vez, pecaste de envidia. Mataste otros abrazos, otros brazos…Provocaste mi propio homicidio
Y por tu adorable soberbia te has quedado solo contigo. Y pecando yo también del pecado original te recuerdo que nos veremos en el purgatorio, no sin antes decirte que aunque pidas perdón no obtendrás absolución.
No pretendo adentrar a nadie en la moral cristiana pero…

No habrá juez

Orgullo de saber que aun cuando ya no me ames tampoco me olvidaras, y de hacerte saber que tu mirada estrábica ya no será la destinataria de mis cartas
Elegiste a la manzana en el Edén y perdona pero todo no se puede tener. Aunque mientas no me conseguirás engañar con tu falsa fachada de roca primitiva.
Tapiaré el cajón de mis desastres, limpiaré mi techo de telarañas, apagaré la luz que encendías para hacerme tropezar y cerrare mi maleta con todo lo que no me hace falta para seguir caminando. Pero no habrá juez que imparta justicia por el mismo andén; condenados a ser dos completos desconocidos
Tú, el principal sospechoso, imputado en el caso de las sabanas frías: condenado a una vida sin amor, a abrazos sin sentimiento, a palabras sin verdad, a ganas sin fuerza…
Yo, la principal sospechosa, imputada en el caso de las mentiras por despecho: condenada a folios en blanco





Te lo has llevado todo...todo. Has dejado vacío y a mi sin nada






Sigo soñando con despertar y saber que nada de lo que esta pasando es real. Ya no se como llamar a esta obsesión mía, si llamarla culpabilidad, añoranza, idiotez, debilidad…o si tal vez masoquismo seria una buena manera de llamarlo. Solo se que eres el culpable de mi odiosa bipolaridad, de que esta noche me encuentre aquí en esta habitación a oscuras, escuchando música que no me hace ningún bien y tecleando un puto ordenador, creyendo desahogarme como si fuese un camarero que me ofrece una copa, a las 2 de la mañana. Me parece increíble, después de todo el daño, despertarme esperando que algún día puedas mandarme un mensaje con un: “tenemos que hablar” o una llamada acompañada de alguna que otra disculpa. Hoy solo le doy vueltas a la frase de un amigo: “Las heridas son más pequeñas cuanto menos tiempo pasa” y si, tal vez lleva razón… lleva razón, la lleva. Primero te quedas como quien escucha una noticia y no sabe si creérsela, después llega la rabia, mas tarde el odio, después te vas dando cuenta que es así, que ha pasado, y esperas a que llegue la indiferencia, esa puñetera indiferencia que a veces se retrasa y me cuesta verme a las 12 de la noche andando hacia mi casa, como si el carro de caballos se fuese a convertir en calabaza por esperar un minuto mas. Me gusta hacerme la dura acompañada de algunos bajones de vez en cuando. Cada vez que paso por allí me doy cuenta de que no estas esperándome mientras respiras fuego, y que aunque no quería que cayeras y te hicieras mil pedazos, tarde o temprano lo harás. Se que no te mereces ni una de las palabras que escribo ahora pero me da pena que nuestra canción se rayara justo en el comienzo del estribillo. Hoy no tengo ganas de reprocharte, de maldecirte, de odiarte, solo tengo ganas de preguntarte porque todo ha acabado así, como has podido hacerme esto e irte así, con tu orgullo. Podría escribirte mil refranes, mil insultos, citarte numerosas frases para hacerte sentir aun más desgraciado de lo que ya puedas ser, pero no me quedan ganas ni de eso, ni ganas, ni fuerza, nada… Lo mismo que tú me has dado, lo mismo que tú me has dejado…nada.  Se que las hienas que esperaban detrás de nuestra placida llanura no dejaran de mi ni las suelas de los zapatos, y que tu las ayudaras, pero aun así no te odio. Siento que has tratado cargar a mis contracturas con toda la tristeza, pero aun así no te odio. Solo  quiero que sepas que no escribo esto para que te des cuenta de lo que has perdido, sino para que algún día recuerdes lo que tenias.

Ahora que ya no estás

Antes que nada, gracias. Si, gracias, oyes bien. Gracias por quererme tanto, gracias por demostrarlo cada día, por pensar solo en mí. Enhorabuena por tu perfecto guión. Aun recuerdo el ultimo dia que dijiste que me querías, justo dos días antes de que cerrara por ultima vez la puerta del picadero. Bonita tosca ironía la tuya, ¿verdad cariño? Y mientras desgarro camisetas entre olor a madera quemada siento haber dejado de ser tu preciosa meretriz. Mi vida, te deseo todo lo mejor. Deseo que necesites volver a mirarte en mis ojos, que mi olor no desaparezca de tu almohada, que recuerdes cada noche mi espalda curvándose sobre tus nalgas, mis dedos recorriendo tu espalda y mi aliento en tu cuello,  que eches de menos mi risa entre los asientos, que escuches mi voz entre cada canción, que veas mi letra dibujada en el vaho de los cristales de aquel maldito coche, que con cada triste orgasmo creas morder mis labios, que te fumes con tu ego el cigarrito de después. Y ahora, mientras me fumo uno a tu salud, se que me olvidaras en cualquier parque aspirando anestésicos, que me dejaras... pero tus recuerdos ya huelen a crisantemo y ya no me da miedo que bordes otros lazos que terminaras por pudrir igual que el broque de aquel sujetador que quedó sobre tu cama. Hoy ya me conozco todas tus falacias, ya se el porqué de tu recelo, y es que se cree el ladrón... ¿Verdad mi amor?